Capítulo 2: Angela.
-Ang... ¡Ang!- la voz de Bella me trajo desde mi mundo, y la miré parpadeando, tratando de enfocarla desde mis anteojos.
-Amh, si Bells, ¿qué pasa?- pregunté, y Bella Swan, mi única amiga, me miró con una ceja alzada. Sus ojos castaños relucían en comprensión, pero se la veía algo irritada.
-Angela, faltan tres paradas para que se suba al maldito colectivo. ¿Podrías prestarme un poco de tu atención?- pidió con la voz exasperada. Me ruboricé hasta las orejas, ¿tan obvia era?
-Lo siento, ¿qué me decías?- susurré, y Bella suavizó la expresión con un suspiro.
-No te disculpes, está bien. Lo que me molestó es que creo que dejaste de escucharme desde el momento en que te sentaste aquí, unas diez cuadras atrás.- comentó poniendo los ojos en blanco, y reí culpable.
-Lo admito, estoy ansiosa. Tú sabes...- sin proponérmelo, mis ojos volaron un instante a la puerta delantera, la entrada al autobús, pero volví a mirar a mi amiga antes de que se enfadara en serio. Bella sonrió, y retomó su charla. Normalmente no cotilleabamos sin control, pero las noticias frescas de nuestra clase en la facultad eran de mucho interés, y rápidamente nos sumergimos en la charla.
Unos minutos después, no sabría decir cuantos, una voz de hombre dijo con una risa.
-Muévete, hombre.- Bella y yo miramos hacia adelante con curiosidad, y mi corazón rompió a latir casi desesperadamente. Él acababa de entrar al colectivo con su amigo, ése de pelo cobrizo que siempre lo acompañaba desde cinco paradas más adelante de donde subíamos Bells y yo, hasta una antes de que bajáramos, y me estaba mirando. El de pelo cobrizo le dio un pequeño empujón, y él casi cae al suelo por los sacudones del autobús. Lo vi mirándome por apenas medio segundo antes de que su amigo lo empujara hasta el asiento en el que se acomodaban cada martes, pero me había mirado. De eso estaba segura.
Un chasquido me hizo saltar en el asiento. Miré hacia mi izquierda, y vi los dedos de Bella a pocos centímetros de mi oreja. Ella volvió a tronar sus dedos, antes de sacudir su mano frente a mis ojos, con una sonrisa, como si estuviera controlando que no estaba ciega.
-Angela, no puedes seguir así. Pareces una idiota, un día de éstos te tomaré una foto para que veas tu cara. Si no le hablas tú, lo haré yo por tí.- aseguró, y no me cupo duda de que lo haría.
-Cállate. No quiero parecer una psicópata, ¿qué se supone que le diga?- Bella abrió la boca, y la interrumpí. -No lo digas. No lo haré.- ¿Quién en su sano juicio podría gustar de un chico que sólo había visto durante unos cuantos meses en el autobús? Yo, por supuesto.
-Eres una tonta.- suspiró Bella, y yo no le contesté, asi que ella dio por concluido el tema. Una parada más tarde, empezó a hablarme de su novela en pleno proceso de publicación, y la emoción que brillaba en sus ojos me hizo sonreír. Era la primera novela que publicaba, y escribía cuentos desde que tenía doce años, así que estaba muy entusiasmada.
-¡Edward! Ven aquí, ¡ahora!- gritó alguien en voz baja, pero al haber tan poca gente en el colectivo las palabras se oyeron en todo el transporte. Bella se detuvo, mirando con una ceja alzada hacia adelante, y la imité.
El amigo de aquel chico que me atontaba cada martes caminaba por el pasillo central del colectivo hacia nosotras. Mirándome a mi con una sonrisa... Oh Dios. Miré por el costado de su cuerpo, y el chico miraba a su amigo (¿Edward?) con desesperación. Luego, sus ojos se posaron en mí por un segundo y se volvió bruscamente, enterrando la cabeza entre sus manos.
-Discúlpame.- el chico de pelo cobrizo había llegado junto a nuestro asiento, y me seguía mirando con aquella sonrisa tan extraña. -Mi nombre es Edward, y aquel que se sienta allí- señaló con un dedo sobre el hombro hacia su amigo -es Ben. ¿Te gustaría sentarte con él unos minutos? Creo que quiere hablar contigo.- aseguró con expresión cómplice, como si no fuéramos dos completos desconocidos.
Un codazo en las costillas me sacó de mi estupor, y me di cuenta de que me había quedado mirando a Edward con cara incrédula.
-Anda.- me susurró Bella al oído, y volvió a empujarme hasta que me puse de pie.
-Bells, no...-
-No, no me importa. Ve.- se me adelantó, señalando con una mano hacia la parte frontal del autobús.
-¿Te importaría si me siento contigo mientras... hablan?- preguntó Edward, sonriéndole a mi amiga, y Bella le devolvió la sonrisa.
-Adelante, ponte cómodo. Angela, muévete.- me dijo, y Edward se rió antes de sentarse junto a ella. Le dirigí una pequeña mirada más a mi amiga, todavía un poco aturdida, antes de caminar con pasos torpes hasta el asiento ahora libre junto a aquel chico. Ben. Tenía un nombre precioso, acorde con su rostro.
Me dejé caer con suavidad, el asiento aún estaba caliente, y lo miré. Ocultaba su rostro entre las manos, y respiraba profundamente.
-¿Tú... eres Ben?- susurré, y él levantó la cabeza de golpe. Sus mejillas estaban adorablemente sonrojadas, y tenía los ojos de un profundo color castaño oscuro, pero no eran como los de Bella. Tenían... algo distinto, no sabría precisar qué. Él suspiró, y me tendió una mano.
-Así es. Ben, un placer conocerte.- murmuró mirándome a los ojos, y sentí como si se me derritiera el esqueleto. Una sensación poderosa que me hizo enrojecer.
-El placer es mío, soy Angela.- le sonreí.
-Tienes un nombre precioso.- dijo, y sus ojos se abrieron sorprendidos. Había hablado sin pensar.
-Gracias.- susurré, tan sonrojada como él, y desvié la mirada, avergonzada. ¿Y ahora qué?
Ben miró hacia atrás, y suspiró.
-Voy a matar a Edward.- murmuró, y me reí, mirando hacia mi antiguo asiento. Nuestros amigos charlaban animadamente, y noté las mejillas de Bella un poco sonrosadas.
-Bella estaba a punto de hacer lo mismo que hizo tu amigo.- comenté, y Ben volvió a mirarme fijo.
-¿Querías... hablarme?- preguntó con una sonrisa, y yo abrí y cerré la boca sin saber cómo justificarme. Ben se rió, y agregó. -No importa. Yo también quería hacerlo.-
-Lo siento, me veo como una completa idiota ¿verdad?- suspiré.
-Oh, no. Yo diría que te ves como una chica muy bonita, completamente adorable.- me corrigió con voz tímida, y mi corazón resopló de hiperactividad. Lo miré de reojo, y me sonrió, pero sus ojos se desviaron hacia arriba, detrás mio.
-Ben, ya vamos a bajar.- dijo su amigo, y me giré para mirarlo. Traía una amplia sonrisa en los labios, y apretaba un papel en el puño izquierdo. Volví a mirar a Ben, quien me miraba con indesición. Tuve una pequeño impulso, y le dije.
-Aguarda. Dame tu mano.- abrí el bolsillo de mi mochila, rebuscando por una birome, y cuando la encontré sonreí. Ben extendió la palma de su mano derecha, y lo agarré con firmeza. Su piel quemaba contra la mía, y noté que temblaba, pero quizas eran los sacudones del colectivo. Con letra despareja, garabateé un número de diez dígitos en su piel.
-Ese es mi número de móvil. ¿Me llamas mañana?- pedí con una sonrisa tímida, y el me devolvió una enorme.
-Por supuesto.- se puso de pie y yo también, para volver a mi asiento con Bella. Caminamos los tres hasta la puerta trasera del autobús, y Ben dudó.
-Pues, hasta luego Angela.- De reojo, vi a Edward saludar a Bella con una sonrisa.
-Adios, Ben.- le sonreí, y me senté mientras el colectivo se detenía. Ambos amigos se bajaron, y suspiré. Me extrañó que Bells no hiciera ningún comentario y la miré, pero ella miraba por la ventana con una amplia sonrisa. De pronto, se giró para mirarme y suspiró ella también.
-Simpáticos, ¿verdad?- susurró.
Little Freak Girl, (also known as Rocio Sileo).
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